El rey abdica y el PSOE claudica

La abdicación del rey era una oportunidad perfecta para llevar al taller la Constitución de 1978 y hacerle un buen arreglo, no sólo de chapa y pintura, sino también cambiarle el motor.

Definir un nuevo modelo territorial con un federalismo asimétrico que dé un trato distinto a Catalunya, Galicia y Euskadi; introducir más derechos y nuevas formas de participación política de acuerdo con las demandas de una sociedad que ha cambiado mucho en estos treinta y seis años, así como abordar democráticamente la forma del estado, sin tabúes y sin miedos, y resolver de una vez por todas el tema de las provincias y diputaciones. Estos serían, a mi parecer, los asuntos más prioritarios. Por supuesto, habría que someter tales cambios a la decisión soberana del pueblo mediante la convocatoria de un referéndum decisorio sobre el tema.

Desgracidamente, me temo que las élites políticas que nos gobiernan, una vez más, nos van a sustraer nuestro derecho a decidir en libertad nuestro futuro. Van a ser tan míopes como cuando decidieron, en secreto y a toda prisa en el verano de 2011, santificar el pago de la deuda como prioridad, error que no olvidamos ni perdonamos. El PP va a presentar un proyecto de ley orgánica para entronizar a Felipe de Borbón y Grecia, olvidándose incluso de la discriminación machista en la sucesión de la corona. Lo malo no es que cometa esta infamia a la democracia el PP, que además tiene mayoría absoluta para hacerlo, lo peor es que el PSOE vaya de palmero y se preste a ello. Este PSOE autista, mediocre, que se desangra electoralmente y que ya no defiende principios básicos democráticos, que no escucha a la gente y que corre el peligro, si vota a favor de la propuesta legislativa de la derecha, de cavarse su propia tumba. Miren por favor a Grecia y al PASOK. Me temo que ni debate interno va a haber y cada día, las generaciones más jóvenes, van a ver al PSOE como unos dinosaurios de la vieja clase política que no se enteró que España ha cambiado y que la mayoría de españoles de hoy no votó la Constitución de 1978, y que las nuevas generaciones desean nuevas conquistas democráticas para nuevos retos de ahora y del mañana.

No hay peor sordo que el que no quiere oír y la dirección del PSOE esta más preocupada de salvar su culo y sus privilegios que de responder a las aspiraciones de la gente corriente de nuestro país. Así iremos de victoria en victoria hasta el suicidio político final de la socialdemocracia.