Salvemos el Hospital Álvaro Cunqueiro

Un hospital puede durar siglos, que se lo digan a la Pitié-Salpêtrière de París, al hospital Karolinska de Estocolmo o a cualquiera de los hospitales de Londres. Los gobiernos en democracia en España tienen una duración media de 8 años, con casos extremos como Felipe González a nivel nacional o algunos gobiernos autonómicos.

En Vigo, el hospital más antiguo es el Hospital Municipal que nos ha sobrevivido a muchos alcaldes. Hoy está transferido al Servicio Gallego de Salud desde 1994, siendo el que suscribe alcalde de la leal y noble ciudad. El otro hospital por antigüedad es el conocido como Pirulí, Xeral desde la década de los años 80 coincidiendo con la gestión socialista del INSALUD. El hospital del Meixoeiro se puso a funcionar en noviembre de 1989 tras una dura batalla para su construcción en la que participé como concejal de Sanidad que convenció al ministro Lluch de que había que hacerlo, además de ampliar el Xeral y no comprar Povisa. Los alcaldes que más han durado en Vigo en el siglo XX alcanzaron los doce años, algo que ahora el actual va camino de empatar. Con estos datos lo que quiero demostrar es que un hospital puede servir a más de 5 y de 6 generaciones de ciudadanos, mientras son raros los gobiernos democráticos que duran más de 12 años.

Los hospitales, como los trabajadores de la salud, tienen un capital fundamental: la reputación. Pues bien, los vigueses tenemos un problema con el Hospital Álvaro Cunqueiro, que iba a ser la esperanza de una asistencia sanitaria de altísima calidad y se está convirtiendo en una pesadilla para la gente que trabaja allí o tiene que ser atendida en él. Esta mañana, una cardiópata decía en la unidad de reanimación del Hospital Meixoeiro cuando le comunicaban que iba a ser traslada al Hospital Álvaro Cunqueiro para terminar su tratamiento: “por favor, déixenme eiquí, eu prometo que non fago nada, non molesto”. ¡Bravo queridos, lo han coseguido!, entre los que pusieron en marcha un traslado apresurado y escogieron un sistema de concesión que no comparto, los intereses corporativos de los que ven peligrar sus aspiraciones y privilegios con una unificación funcional y los legítimos opositores al actual gobierno de la Xunta desde la oposición política, los sindicatos y movimientos sociales, nos estamos cargando el capital fundamental del hospital: su fiabilidad y su capacidad para inspirar confianza.

Miren, esa situación ya la viví cuando a finales de los años 90 tuvimos varios casos de contaminación por Aspergillus en el hospital Meixoeiro. Había un gobierno de la Xunta del PP y era gerente del meixoeiro el doctor Cayetano Rodríguez Escudero, actual concejal del gobierno municipal del alcalde Abel Caballero. En aquel momento, el alcalde de Vigo con mayoría absoluta era el señor Manuel Pérez, del PP, y recaía en mi persona la jefatura de la oposición socialista en el concello de Vigo. Ni a mí ni al doctor Cabrera, compañero del grupo municipal socialista, se nos ocurrió disparar contra la reputación del hospital, que sufrió y tardó años en recuperar su buen nombre. Pues ahora, con el Álvaro Cunqueiro, estamos consiguiendo que los pacientes tengan miedo a usarlo y así no hacemos nada positivo para la sanidad pública de esta ciudad y su área sanitaria, y más si se hace con mentiras, medias verdades y demasiadas ambiciones políticas personales.

Así esta ciudad ni va a más ni a mejor, y las elecciones y los gobiernos pasan. Los hospitales se quedan.

Nos merecemos otra cosa 3

Les voy a hablar como un usuario cualquiera de la sanidad pública del área sanitaria Vigo-Pontevedra Sur.

En este mes en que no escribí en esta página, estuve asistiendo en primera persona como familiar directo de una persona con una patología grave. La primera cosa y lo más importante es que el sistema funciona, sigue siendo público, no me pidieron en ningún sitio mi tarjeta de crédito, cosa que sí me pasó en un país de América cuando me fracturé un hombro y ni fueron capaces de diagnosticarlo.

La segunda cosa es que funciona el sistema a pesar de los inútiles que lo dirigen, que no preveen a veces que en patologías graves no se pueden ir todos al mismo tiempo de vacaciones. En este caso concreto, muchas gracias a los compañeros que solucionaron el embrollo que los burócratas no supieron preveer, a pesar de que cobran por ello, y muy bien.

Por último, me parece una cabronada que la pelea política entre PP, PSOE y sindicatos esté pintando para la opinión pública una imagen patética y falsa de un sistema sanitario público ejemplar, mejorable por supuesto, pero mejor que la educación, los transportes o las pensiones que tiene España en comparación con otros países desarrollados.