Narciso antes que Vigo 7

Entre los muchos mitos que han ido formando el espíritu indómito de los vigueses, figura un trovador llamado Martín Códax, personaje que cantó las ondas “do mar de Vigo dende a ensenada de San Simón”.

La mayoría de los vigueses, incluso los más jóvenes, desconocen que la única copia escrita de aquellos versos y músicas están en una bibloteca de Nueva York, que ese documento único en nuestra historia puede venir a Vigo por primera vez en nuestra historia y que es un documento excepcional para nuestra historia cultural y un ejemplar magnífico de lo que fue aquella edad media en este rincón del mundo donde ya había Vigo y vigueses. Vamos, una ocasión de presumir de Vigo y viguismo.

Pues hete aquí que nuestro querido Abel Caballero dice que el costo de 400.000 euros es inasumible para el Concello. El mismo que quiere gastar más de 30 millones de euros en Balaídos o gasta anualmente más de 2,5 millones de euros en publicidad, patrocinios y subvenciones. Lo de que no hay sitio para tan magno evento tampoco se sostiene. Si quiere le digo uno que está infrautilizado y está al lado de las ondas del mar de Vigo: la Casa de las Palabras. Recree allí durante 4 meses lo que fue aquella cultura medieval de trovadores y juglares. Ahí ya estábamos en el mapa de la lírica portuguesa. Si no le gusta mi idea, que ya sé que no, hay otros edificios y contenedores culturales en esta cidade fermosa que pueden albergar el evento.

Me temo, y es lo que más me duele, que los problemas que ve el alcalde Caballero y su gobierno responden a su enfermedad narcisista de que todo lo que no nazca de él, no puede salir adelante en la ciudad, y esta es una iniciativa de un excelente médico psiquiatra que la canaliza a través de la Universidad de Vigo. No parece que este rector y su posición sobre el tema ETEA y Campus do Mar estén bien vistas en la Praza do Rei, planta primera, o sea la alcaldía.

Perder esta oportunidad sería un error cultural, una falta respeto por Vigo, los vigueses y nuestra historia. Sería un error político porque muchos vigueses comprobarían que no nos merecen gobernar personas que practiquen la mezquindad y hagan de la ruindad una forma de comportamiento. Vigo necesita generosidad, puntos de encuentro, acuerdos, y en asuntos que están en nuestra historia sobran pataletas y narcisismos. El querido psiquiatra Jiménez, discípulo de la escuela lacaniana, sabe que los narcisos necesitan tratamiento, y los vigueses podemos empezar a cansarnos de tanto ombliguismo bonapartista. Al tiempo.