De los partidos y las mafias 2

Una desgracia recorre toda nuestra vida pública: la corrupción personal y política.

El actual sistema de partidos presenta graves defectos que convierten a las élites políticas, culturales, mediáticas y sindicales en grandes vacas sagradas, intocables en sus privilegios e insensibles e incapaces de escuchar la angustia de la gente corriente, los ciudadanos y ciudadanas normales. Es imposible dar la batalla contra las élites sólo dentro de los partidos. Los estatutos y la vigente ley que regula el funcionamiento y la financiación de los mismos está hecha para prolongar un sistema corrupto.

Lean los artículos de El País y en Voz Pópuli sobre el asesinato de la señora Carrasco y compartirán mi juicio de que no es solo un problema personal, es un problema de un sistema corrupto, la partitocracia, otra forma de oligarquía.

La receta es la unión, la agrupación de gente ordinaria y decente que derrote en las urnas con una agenda política alternativa y sencilla a estas élites tramposas y criminales. ¿Cómo?, con votos, no callándose, no resignándose, no vendiéndose, no plegándose. El 25 de mayo 2014, en Vigo y muchos otros lugares podemos comenzar el cambio.

¿Partidos políticos o mafias? 3

Si ustedes escuchan atentamente los hechos del asesinato de la señora Isabel Carrasco, perpetrado ayer en León, en la calle a plena luz del día por otras dos mujeres, las señoras González Fernández y su hija, Triana Martínez González, y no supieran nada más, podrían sospechar que era un ajuste de cuentas por cuestiones puramente personales.

Si después saben que las tres son militantes de un mismo partido político, que hay empleos interinos y reclamaciones económicas, listas de concejales y la presidencia de la diputación de por medio, se hace la luz y se demuestra lo que vengo diciendo, estamos ante un sistema de élites corruptas donde la batalla no se establece por cuestiones de interés general, sino que se pelean simplemente por la parte de la tarta que creen que les corresponde. Y así los partidos dejan de ser máquinas de hacer ideología y política y se reducen a simples aparatos de poder, dinero y corrupción.

¿Ven por qué tenemos que hacer el cambio?, para recuperar la política y las personas decentes para la gestión de los asuntos públicos.