Dejen votar 1

Como algunos de ustedes habrán visto en V Televisión, ayer defendí que lo que nos estamos jugando, y para mí lo más importante, es si dejamos que las élites sigan decidiendo el futuro de España y nosotros, la ciudadanía, traguemos con lo impuesto.

Más importante aún que dirimir entre una monarquía parlamentaria y una república parlamentaria, para mí, está la cuestión de quién decide. Rajoy, Rubalcaba, Juan Carlos de Borbón y Felipe de Borbón y Grecia son los que deciden cuándo y cómo. Nuestro papel histórico, el del pueblo es ver, callar y obedecer. En resumidas cuentas, vuelta a tiempos pasados, a tiempos que creíamos olvidados, a tiempos de dictadura, feudalismo. Me resisto a ser un sujeto pasivo de una historia que me afecta y que deciden unas élites que han roto el pacto tácito de la transición: montamos un sistema de relaciones de poder que administraban ellos y nosotros, el pueblo, teníamos garantizado bienestar y libertad. El impacto de la crisis provocó que la élite dirigente sacrificara el bienestar y algunas libertades, por tanto nosotros tenemos las manos libres para reclamar nuestro derecho a decidir. Tengan el valor cívico de respetar las formas, un asunto de esta entidad no se puede resolver con diputados y senadores que voten como borregos.

Siguiendo la argumentación usada por el PSOE en el caso de la guerra de Irak o incluso ahora con la ley del aborto, exijamos que la votación de la ley orgánica aprobada ayer por el gobierno del PP, sea votada en secreto y nominalmente en ambas cámaras, Senado y Congreso. Si los aparatos elitistas imponen el voto público, es que ni ellos mismos se fían de sus acólitos y entonces demostrarán su falta de legitimidad.

El rey abdica y el PSOE claudica

La abdicación del rey era una oportunidad perfecta para llevar al taller la Constitución de 1978 y hacerle un buen arreglo, no sólo de chapa y pintura, sino también cambiarle el motor.

Definir un nuevo modelo territorial con un federalismo asimétrico que dé un trato distinto a Catalunya, Galicia y Euskadi; introducir más derechos y nuevas formas de participación política de acuerdo con las demandas de una sociedad que ha cambiado mucho en estos treinta y seis años, así como abordar democráticamente la forma del estado, sin tabúes y sin miedos, y resolver de una vez por todas el tema de las provincias y diputaciones. Estos serían, a mi parecer, los asuntos más prioritarios. Por supuesto, habría que someter tales cambios a la decisión soberana del pueblo mediante la convocatoria de un referéndum decisorio sobre el tema.

Desgracidamente, me temo que las élites políticas que nos gobiernan, una vez más, nos van a sustraer nuestro derecho a decidir en libertad nuestro futuro. Van a ser tan míopes como cuando decidieron, en secreto y a toda prisa en el verano de 2011, santificar el pago de la deuda como prioridad, error que no olvidamos ni perdonamos. El PP va a presentar un proyecto de ley orgánica para entronizar a Felipe de Borbón y Grecia, olvidándose incluso de la discriminación machista en la sucesión de la corona. Lo malo no es que cometa esta infamia a la democracia el PP, que además tiene mayoría absoluta para hacerlo, lo peor es que el PSOE vaya de palmero y se preste a ello. Este PSOE autista, mediocre, que se desangra electoralmente y que ya no defiende principios básicos democráticos, que no escucha a la gente y que corre el peligro, si vota a favor de la propuesta legislativa de la derecha, de cavarse su propia tumba. Miren por favor a Grecia y al PASOK. Me temo que ni debate interno va a haber y cada día, las generaciones más jóvenes, van a ver al PSOE como unos dinosaurios de la vieja clase política que no se enteró que España ha cambiado y que la mayoría de españoles de hoy no votó la Constitución de 1978, y que las nuevas generaciones desean nuevas conquistas democráticas para nuevos retos de ahora y del mañana.

No hay peor sordo que el que no quiere oír y la dirección del PSOE esta más preocupada de salvar su culo y sus privilegios que de responder a las aspiraciones de la gente corriente de nuestro país. Así iremos de victoria en victoria hasta el suicidio político final de la socialdemocracia.