Filibusteros en Vigo

En nuestra ciudad suele ser habitual que las distintas autoridades, alcalde, presidenta de la Diputación, delegado de la Xunta de Galicia, delegado del estado en Zona Franca, presidente de la Autoridad Portuaria, usen su poder para pelearse con los otros, marcar territorio y fastidiar al que no te cae bien o no te obedece.

No crean que esto es de ahora, como la pelea que tiene Abel Caballero contra Teresa Pedrosa, bloqueando proyectos importantes para la ciudad como la transformación de la ETEA en ese polo de investigación marina llamado Campus do Mar, liderado por la Universidad de Vigo y con vocación multinacional, y del que llevamos hablando y estamos esperando desde 2007, el mismo tiempo que Caballero lleva en alcaldía. El otro proyecto que nuestro alcalde quiere bloquear es la famosa Ciudad del Transporte, de la que en Vigo se viene hablando desde 1989.

En tiempo de Portanet, alcalde del franquismo, se decía que Vigo limitaba al norte con el puerto. Ya hace 50 años el puteo institucional en Vigo era moneda de uso corriente. Siendo yo alcalde en 1995, la presidenta del Puerto de Vigo, del PSOE pero de la fracción guerrista, no quería dejar pasar los camiones para depositar los residuos en la empacadora de Guixar. A los quince días de perder yo la alcaldía, la que luego fue ministra de Zapatero y siempre amiga de Abel Caballero, le dejó pasar los camiones al alcalde nuevo del PP. Pero este alcalde del PP, el primero con mayoría absoluta en la ciudad, se tuvo que tragar a su vez a un presidente de la Autoridad Portuaria de su partido que desde un periódico local le dijo aquello de “yo soy el alcalde del puerto” y terminó sustituyendo a Manuel Pérez como candidato a la alcaldía.
En fin, que el propio Caballero nos prometió cuando pasó por la Autoridad Portuaria en 2005, que nos iba a hacer un pirulí diseñado por Jean Nouvel, de más de 40 plantas sobre el espigón de la estación marítima y además un grandioso centro comercial en Beiramar. Los dos proyectos todavía estamos esperando verlos, como su primer gran proyecto como alcalde, el nuevo ayuntamiento de Moneo, que no pasó de la maqueta. Verán que hemos perdido demasiado tiempo en esta ciudad en pelearnos y en proyectos que se usaron como señuelos publicitarios como los que he mencionado.

Ahora la situación es nueva. En Zona Franca hay dinero, “conditio sine qua non”, y una mayoría en el comité ejecutivo y en el pleno para hacer esos dos proyectos. Defiendo el derecho de Caballero a no compartirlos y explicar a los vigueses su razonamiento. Pero como no tiene mayoría para cambiar esa decisión, recurre al filibusterismo. Os vais a fastidiar, tenéis mayoría, pero como el único que puede convocar el pleno es el presidente de la Zona Franca es el alcalde, pues no voy a convocar ese órgano directivo y así bloqueo los proyectos. Puro filibusterismo parlamentario, pero lo que es peor: auto-odio. Antes de que se haga algo que demanda la Universidad de Vigo o la comunidad logística, uso torticeramente mis facultades para bloquear mayorías que no me gustan. Resumiendo: prefiero cortarme un brazo antes de que otros me hagan un jersey.

Así es difícil que Vigo vuelva a ser la ciudad número 1 en el informe económico Ardán, que se viene haciendo desde 1994 cuando presidí la Zona Franca como alcalde de Vigo. Así, practicando el filibusterismo, el auto-odio y la confrontación institucional que nos enseña Caballero, a Vigo solo le queda decadencia frente a ese universo Inditex que en el norte ha cogido el relevo en el liderazgo económico de Galicia y se ha convertido en una referencia de la nueva economía global.

Nuestras peleas y miserias son nuestra decadencia como ciudad, y el filibusterismo de Caballero es una muestra de la debilidad de su liderazgo y nuestro pobre futuro.

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