Gasto para muchos, beneficio para uno 2

Acabamos de enterarnos los accionistas, como yo de antiguas 500.000 pesetas de 1993, y aficionados celtistas que una corporación china desea pagar más de 100 millones de euros por el paquete de control de la sociedad anónima deportiva Real Club Celta de Vigo.

Es preciso recordar que la inversión total del señor Mouriño, directa e indirectamente mediante sociedades, no superó los 20 millones. Es preciso recordar que la Caixanova de antaño, Caixavigo primigenia, perdió en la suspensión de pagos más de 40 millones de euros, que tuvimos que pagar todos con dinero público. Recordemos también que con dinero público se hicieron quitas en la deuda que la sociedad anónima deportiva tenía con Hacienda, Seguridad Social y Administraciones Públicas. Y en este momento Concello y Diputación quieren invertir de entrada 30 millones de euros en la remodelación del campo de Balaídos, que es una concesión municipal a la sociedad anónima deportiva. Nos hemos enterado por Atlántico Diario que el accionista vendedor quiere reinvertir parte de los beneficios en un centro comercial, previa recalificación.

Como comprenderán algo huele mal en todo esto. Recalificaciones urbanísticas con la sombra del escudo del Celta: no. Y en eso estoy de acuerdo con Abel Caballero. Terminar lo que se está haciendo en Tribuna: sí. Pero ni un euro más de dinero público para incrementar los beneficios particulares. Es el momento de parar la inversión pública en un campo que produce beneficios que se lleva una persona privada y que ya nos ha costado entre unas cosas y otras, suspensión de pagos, quita, subvenciones directas e indirectas, los 100 millones que legalmente se va a embolsar.

Una vez más se demuestra que Caballero con su populismo confunde y perturba el interés público. Una gestión clientelar de los recursos públicos puede dar votos electorales, pero crea un perjuicio mayor a medio y largo plazo. Mouriño y su negocio con el coloso chino son un ejemplo

Las prioridades

Dicen los politólogos que las prioridades de las políticas públicas se miden por su impacto presupuestario.

En Vigo, desde hace tres años, existe un programa para combatir la pobreza que consiste en atribuir, previo concurso público, una ayuda extraordinaria de 1.700 euros a cada familia que se beneficiaría del programa. Todos los años miles de familias en riesgo social quedan fuera de los 1.700 euros que van dirigidos a pagar luz, vivienda y vestimenta y alimentos a lo largo de todo un año.

Faro de Vigo, un periódico amigo de Caballero, informa en su edición escrita de hoy que el gobierno municipal ha destinado 1.450.000 euros para que 600 jóvenes vayan a pasar 21 días en Irlanda para aprender y perfeccionar el inglés. Este programa de visita escolar a países europeos, básicamente anglófonos, se inició en los años 90, siendo alcalde el que suscribe. Con menos recursos, eran solo 15 días y fueron suspendidos desde 1996 hasta 2010, que los recupera Caballero con la oposición estúpida y errónea del BNG. Así les fue.

Creo que es una magnífica inversión que jóvenes capacitados y con escasos recursos disfruten de este programa. Me preocupa por otro lado que cada joven nos cueste, para 21 días, 2.400 euros. Es decir, que invertimos en 3 semanas de inglés de un joven más del 40% más de lo que invertimos en ayudar a una familia pobre a sobrevivir todo un año. Yo no recortaría las becas de inglés de ningún modo, pero lo lógico y decente sería elevar la ayuda para familias pobres a, como mínimo, los 2.400 euros que le damos a la empresa intermediaria de los cursos de inglés.

Las lecciones son dos: el gobierno vigués no tiene la lucha contra la pobreza de las familias como una prioridad fundamental y la oposición no se entera por qué y cuánto se quedan los intermediarios de los cursos de eso 2.400 euros. Yo me temo que, visto el hormigón, los planes de empleo o los equipos informáticos, en los que hay mordida, esto no va a ser diferente. Pero aquí todo el mundo calla. Bueno, todos no, nosotros no tragamos ni callamos.

Dos cara de una misma moneda 1

Dice el Tribunal Supremo que Gayoso, Pego y su banda, se quedaron con más de 10 millones de euros que no eran suyos, que cambiaron con la ayuda del abogado contratado al efecto sus contratos e indemnizaciones, aun sabiendo, el estado ruinoso de las cuentas de la caja fusionada. Estamos pues ante unos delincuentes que además de haber arruinado Caixavigo-Caixanova, al pilotar la fusión con la desastrosa Caixagalicia que hundió su amigo Méndez, no pensaron ni en la empresa, ni en Vigo, ni en Galicia, ni en los pobres ahorradores que habían comprado preferentes. Solo pensaron en sacar tajada o cacho para ellos personalmente, y dice el Tribunal Supremo que la pena que impone la audiencia nacional es escasa y que no la puede aumentar porque ni la fiscalía ni el FROB presentaron recurso. Tampoco el Concello de Vigo, que con la pérdida de la caja primero y después aceptando la sede en A Coruña firmó el final del liderazgo económico de Vigo en Galicia.
Porque los desastres de Gayoso y su banda los pagaremos en forma de declive para la ciudad, declive que solo será revertido cuando Vigo con nuevos líderes y nuevos actores financieros vuelva a estar en el mapa bancario de España y Europa.

¿Y qué pinta en todo esto el estimado Abel Caballero?, pues fue el cómplice necesario que defendiendo criminalmente la nefasta gestión de Gayoso, firmó la sentencia de muerte de Vigo como centro financiero. Porque Caballero dijo que la gestión de Gayoso era impecable, y de momento nos robó, pero está pendiente otro juicio por cientos de millones mal usados que se verá próximamente cómo acaba. Fue también Caballero quien engañando a la gente y con la colaboración económica y mediática de Gayoso y su banda, montó una manifestación para defender los expolios y fiascos financieros de don Julio, así le llamaban durante años, diciendo que era el mejor gestor y que quienes lo atacábamos, éramos antivigueses. Por último, fue también Abel Caballero el que cuando se produjo la fusión y se trasladó la sede a A Coruña exclamó: “¡Ganamos, es una absorción, mandamos Caixanova!”. La caja fusionada costó más de 8.000 millones de euros de dinero público, y la sede se fue para A Coruña y nunca más volvió, y Caballero aceptó esa solución porque le convenía a Gayoso seguir siendo presidente y a Pego director general.

Detrás de esa derrota, la más grande de la historia de Vigo, solo está la devolución de favores a Gayoso por Caballero. Cuando dejó de ser ministro, Gayoso contrató a Caballero, diputado en Cortes, para dar clase los viernes y sábados a 40.000 pesetas la hora. Más tarde, los tres años que Abel Caballero volvió a la universidad, Gayoso financió estudios firmados, cobrados y dirigidos por Caballero, algunos tan divertidos como el que recomendaba la coordinación de los tres aeropuertos gallegos con el aeropuerto de Porto. Ese estudio, por cierto, también lo firmaba su acólito el diputado autonómico Abel Losada.

Las sociedades que no recuerdan su historia corren el riesgo de repetir sus errores y me temo que una sociedad con una prensa sin memoria como Vigo, no podrá abrir un nuevo periodo sin ajustar cuentas con las elites económicas (Gayoso como ejemplo) y políticas (Caballero) que nos han llevado a este declive imparable. Y lo que es peor, no quieren reconocer, ocultan sus errores con el silencio cómplice de sus altavoces y voceros. ¡Porca miseria!.